Pedro Henríquez: “Los graneros desmontan la imagen de una sociedad agrícola poco compleja en la Gran Canaria prehispánica”

El investigador Pedro Henríquez acaba de presentar en la Casa de Colón su libro ‘Estudio carpológico y arqueoentomológico de los graneros colectivos de Gran Canaria (siglos V-XV de nuestra era)’, Premio de Investigación Viera y Clavijo 2024 en la modalidad de Humanidades y publicada por Ediciones del Cabildo de Gran Canaria en 2026.

El trabajo analiza los restos vegetales e insectos hallados en distintos graneros prehispánicos de la isla para profundizar en las prácticas agrícolas, los sistemas de almacenamiento y la organización social de la población indígena de Gran Canaria.

¿Qué son exactamente los graneros colectivos de Gran Canaria y por qué son tan excepcionales desde el punto de vista arqueológico?

Los graneros colectivos son una de las tipologías de yacimientos más característicos de la isla de Gran Canaria. Aunque existen estructuras similares en el Norte de África, por el momento no se ha documentado nada parecido en el resto de las Islas Canarias. Se trata de cuevas excavadas artificialmente por la población indígena para almacenar la producción agrícola. Precisamente se documentan en Gran Canaria porque su economía depende más de la agricultura frente al resto de las islas, donde la ganadería parece que tuvo un mayor peso. Al menos en la segunda mitad del periodo indígena.

Su investigación combina carpología y arqueoentomología. ¿Qué pueden revelar las semillas y los insectos sobre la vida de una sociedad que desapareció hace siglos?

Tanto la carpología como la arqueoentomología permiten conocer los cultivos que las poblaciones indígenas introdujeron en Canarias y las plagas de insectos asociadas a ellos. El estudio de las semillas ayuda a identificar los productos que formaban parte de su dieta y los procesos de adaptación agrícola al medio insular, mientras que los insectos documentan los desafíos que afrontaron para conservar esos recursos. En conjunto, estas evidencias muestran cómo el archipiélago se integró en una larga tradición agrícola iniciada en el Neolítico y extendida posteriormente por Europa, el norte de África y, más tarde, América.

¿Qué productos almacenaban las poblaciones indígenas de Gran Canaria y qué nos dice eso sobre su alimentación y su economía?

En los graneros prehispánicos grancanarios se documenta un repertorio vegetal muy similar al identificado en los contextos domésticos, lo que confirma que estos espacios almacenaban los productos que sustentaban la base agrícola de la población indígena. Entre ellos destacan los cereales, especialmente la cebada y, en menor medida, el trigo, junto con los higos y algunas legumbres, como lentejas y habas. A estos cultivos se suman diversos recursos silvestres recolectados, entre los que se encuentran las támbaras de palmera canaria y los frutos de mocán, así como, de forma más puntual, piñones de pino canario y lentisco. La presencia de estos productos en los silos indicaría que los graneros no solo funcionaron como espacios especializados para la conservación de la cosecha, sino también como lugares donde se almacenaban recursos vegetales complementarios, probablemente destinados al consumo y a otros usos. Estas evidencias estarían indicando un sistema agrícola plenamente consolidado durante todo el periodo indígena, lo que implica la singularidad de la economía indígena en Gran Canaria frente al carácter más ganadero atribuido al resto del archipiélago.

¿Por qué estos graneros se construían en riscos y lugares de difícil acceso?

Los graneros excavados en riscos y lugares de difícil acceso responden a una clara estrategia de protección de los recursos almacenados. Más que una arquitectura defensiva en sentido militar, se trataba de espacios cuya seguridad se basaba en la inaccesibilidad, el control de los accesos y, probablemente, el conocimiento restringido de su ubicación. Esta elección, que encuentra paralelos en los graneros en cueva del norte de África, refleja la importancia del almacenamiento para garantizar la subsistencia y gestionar los excedentes agrícolas. Además, su localización sugiere una organización del territorio basada en la conexión entre zonas de cultivo, espacios domésticos y áreas de almacenamiento, así como mecanismos sociales para regular el acceso y la circulación de los recursos.

¿Qué hallazgo le sorprendió más durante el desarrollo de la investigación?

Más que un hallazgo concreto, lo más sorprendente fue descubrir que los graneros conservaban no solo alimentos, sino también gestos técnicos: formas de almacenar, de proteger la cosecha y de enfrentarse a las plagas. Los restos de semillas e insectos nos permitieron ver una sociedad con un conocimiento muy preciso de los riesgos que implicaba guardar alimentos durante largo tiempo en un territorio insular. Pero quizás de lo que más orgulloso estoy fue de darme cuenta de que aquellos graneros donde el número de legumbres era muy bajo (Risco Pintado-Temisas y Cuevas Muchas-Guayadeque) eran precisamente los que sufrieron la presencia de brúquidos, una plaga especializada en leguminosas. Si no hubiéramos planteado el trabajo desde dos enfoques y disciplinas distintas, quizás nunca hubiéramos relacionado estos datos.

El carácter «colectivo» de estos graneros es especialmente interesante. ¿Qué nos revela sobre la organización social y la cooperación entre las comunidades indígenas?

Los resultados de la investigación matizan la idea de que estos graneros fueran colectivos en el sentido de una puesta en común de las cosechas. Más bien parecen responder a un modelo de almacenamiento individual dentro de un espacio gestionado de forma colectiva. La construcción, el mantenimiento y la protección del conjunto habrían requerido formas de cooperación comunitaria, pero cada silo probablemente funcionaba como una unidad diferenciada vinculada a una familia o grupo doméstico. Los graneros de Gran Canaria reflejan una sociedad capaz de combinar la cooperación necesaria para gestionar y proteger una infraestructura común con formas diferenciadas de propiedad y control de los recursos almacenados.

¿Qué ideas preconcebidas sobre la Gran Canaria prehispánica ayudan a desmontar los resultados de este estudio?

Los resultados de este estudio cuestionan la idea de una sociedad agrícola poco compleja o basada en una gestión sencilla de la cosecha. Los graneros muestran, por el contrario, una planificación muy elaborada, con estructuras adaptadas al entorno, sistemas de cierre, control de la humedad y estrategias destinadas a mejorar la conservación de los alimentos. Todo ello refleja un conocimiento profundo de la gestión de los recursos en un territorio insular. Las evidencias halladas sugieren asimismo que las poblaciones indígenas desarrollaron medidas específicas para combatir las plagas y preservar los productos almacenados, lo que revela una gestión activa y consciente de los procesos de conservación.

¿Qué lecciones cree que podemos aprender hoy de aquellos sistemas de almacenamiento colectivos?

En un contexto actual en el que hablamos constantemente de sostenibilidad, seguridad alimentaria y gestión de recursos, los graneros en cueva de Gran Canaria ofrecen una lección muy clara: la supervivencia de una comunidad no depende solo de producir alimentos, sino de saber conservarlos y protegerlos. Guardar alimentos no es acumular por acumular, sino construir una reserva frente a la escasez, las plagas, la variabilidad climática o la pérdida de cosechas. Posiblemente puedan hablar también de solidaridad. Aunque no lo podamos asegurar, me cuesta imaginar que familias que conservan juntas su cosecha no se ayuden en momentos de escasez. Además, la existencia de excedentes agrícolas podía no solo garantizar el futuro próximo y disponer recursos con valor social e intercambiable, sino también mantener la seguridad y el statu quo.